El panorama industrial automotriz colombiano se encuentra ante un giro estratégico tras el anuncio del Gobierno Nacional sobre el destrabe de las negociaciones bilaterales con Japón. La iniciativa busca reactivar el Acuerdo de Asociación Económica (EPA) —un tratado comercial que permaneció congelado durante cerca de 15 años— con un objetivo central: sentar las bases jurídicas, fiscales y logísticas para que marcas insignia del capital japonés como Mazda y Toyota instalen líneas de producción y ensamblaje de vehículos en territorio nacional.

Mazda: el regreso a la planta que motorizó al país
La propuesta cobra un valor histórico de alto impacto, especialmente para Mazda. La firma de Hiroshima operó durante décadas en Bogotá bajo la legendaria planta de la Compañía Colombiana Automotriz (CCA), complejo fabril desde donde salieron modelos icónicos que motorizaron al país como el 323, el 626, el Allegro y las primeras entregas del Mazda 3 y la camioneta B2000/BT-50. Tras el cese de operaciones de la planta en abril de 2014, la marca transicionó hacia un modelo 100% importador, trayendo sus unidades principalmente de México y Japón. El plan gubernamental pretende revertir este escenario de más de 12 años ofreciendo incentivos tributarios en zonas francas industriales y costos arancelarios preferenciales para la importación de material CKD (Completely Knocked Down), permitiendo que la marca vuelva a ensamblar en el país para abastecer la demanda local y regional con costos logísticos sensiblemente menores.
Toyota: la apuesta por lo híbrido y lo eléctrico
Por el lado de Toyota, las gestiones se encaminan directamente hacia la transición energética y la movilidad sostenible. La firma nipona lidera con holgura el mercado de vehículos híbridos en Colombia mediante modelos importados de éxito masivo como el Corolla Cross, el Yaris Cross y la RAV4. La intención del Ejecutivo es convencer a la alta dirección de la corporación para que evalúe a Colombia como un nodo de producción regional enfocado en tecnologías híbridas (HEV) y 100% eléctricas (BEV). Esto implicaría no solo la llegada de infraestructura pesada de montaje, sino la integración del entramado local de autopartistas en la cadena global de suministros de la marca, abarcando desde la fabricación de componentes plásticos y arneses eléctricos hasta baterías y software.

Un ecosistema industrial más amplio
El marco de la negociación comercial bilateral también involucra a gigantes tecnológicos como Toshiba, apuntando a un ecosistema de transferencia tecnológica y generación de empleo calificado. Para la economía colombiana, revivir la industria del ensamblaje de la mano de fabricantes japoneses significaría fortalecer un sector golpeado en años recientes por el cierre de otras plantas continentales, reposicionando al país como un hub exportador de vehículos hacia el pacto andino y América Latina, mientras se reactivan cadenas de valor en el sector metalmecánico y manufacturero nacional.
